Y más abajo el firmante:
Rastros del Tiempo
sábado, enero 31, 2009Y más abajo el firmante:
Posted in realidad figurada | 1 disparos »
La Buhardilla
miércoles, enero 28, 2009
Haces de luz de un sol de una mañana de un gélido invierno mostraban el desolador panorama: cachivaches antiguos cogiendo polvo, arañando las paredes con muecas de un pasado petrificado por la muerte. Como si aún habitasen fantasmas de otras eras y secretos escondidos, y monstruos que, en cualquier momento, iban a saltar sobre mi cazadora de cuero y a devorarme.
Uno no puede enamorarse de un sitio así sin imaginación. Necesita ver la imagen en su mente de cómo quedará cuando se haya limpiado, pulido, barnizado y redecorado. Era necesario que en ese momento me imaginara a mí mismo bajando en brazos toda aquella basura herrumbrosa, era necesario verme cepillando los suelos, clavando puntas, barnizando, pintando, verme instalando el cableado, y decidiendo donde colocaría el ordenador, la estantería, el jukebox, el sofá y la cama.
Incluso necesitaba imaginarme allí con ella, aunque en ese momento no supiera quién era. Y de hecho, no importaba, porque, con una buhardilla así, ¿quién iba a resistirse?
Posted in realidad figurada | 3 disparos »
Mis principios serán tus finales
martes, enero 27, 2009Creo que la conversación empezó algo así:
-Echo de menos tu diario.
-Bueno, técnicamente no era un diario, solo un sitio donde se iba acumulando mierda.
-El mío está en una caja debajo de la cama, acumulando mierda.
-El tuyo sí era un diario. El mío sólo eran historias inconexas.
-Y poemas.
-Sí, y poemas.
-Y cuentos.
-Si, bueno, y cuentos.
-Y los escribías con tanta pasión, lujuria y sentimientos encontrados que casi parecía un diario de verdad.
-No era un diario.
-Como quieras. Pero siempre los empezabas por el final.
No importa como siguió, pero fue suficiente para que las nieves se derritieran y volviera a discurrir el cauce de la siempre distante diosa inspiración, que tan pronto te colma de regalos y susurros, como te destierra al páramo de la cotidianidad.
Esta vez quiero empezar poniendo las cartas sobre la mesa por una vez, sin aspavientos, sin maquinaciones, solo la pura verdad: no tengo ni idea de hacia dónde va a llevarme la inspiración, no sé a quiénes voy a arrastrar por el camino; sólo se que aprendí a respirar con lo que escribo, y a vivir con lo que respiro.
Qué coño, vuelvo a empezar por el final.
Pero no es un diario.

